Cuando un menor viaja sin uno de sus progenitores, o sin ninguno, las autoridades fronterizas y las compañías de transporte pueden pedir una carta de consentimiento. El notario la prepara y da fe de las firmas, lo que le da más peso que una carta redactada en casa.
Ninguna ley canadiense obliga a presentar una carta de consentimiento. El Gobierno de Canadá la RECOMIENDA encarecidamente para cualquier menor de 19 años que viaje al extranjero sin sus dos progenitores o tutores: solo, con uno de ellos, con familiares o en grupo.
El matiz no es tan tranquilizador como suena, porque la decisión no es suya. Los agentes de fronteras, las compañías aéreas y las autoridades de inmigración extranjeras pueden pedirla, y no poder presentarla puede causar retrasos, e incluso la denegación de entrada o de salida de un país.
Dicho de otro modo: no es obligatoria hasta que lo es. Y ese momento llega en el mostrador de facturación o en el puesto fronterizo, cuando ya es tarde para conseguirla.
Hay que decir también lo que no hace. El propio Gobierno de Canadá lo precisa: la carta no garantiza que un menor no sea llevado al extranjero sin autorización, ni que sea devuelto a Canadá. Es una precaución importante, no una protección completa.